Gasalla:Tiene un interes especial en mi y esta bien , pero no especulo con eso
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Gasalla:Tiene un interes especial en mi y esta bien , pero no especulo con eso
Antonio Gasalla: "Tienen un interés en mí y está bien, pero no especulo con eso"
18:20En la TV se lo disputan nada menos que dos figuras como Susana Giménez y Marcelo Tinelli. Lejos de deshojar la margarita, se lo toma con calma y dice que "estar tironeado" le saca energía. Por: Sandra Comisso
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Antonio Gasalla en su rol de maquilladora de Marcelo Tinelli en uno de los picos más altos de la televisión en lo que va del año.
Qué tiene Mirta Bertotti, ama de casa de 52 años, de Mercedes, madre de una familia disfuncional y decadente, que atrae tanto?. A Mirta Bertotti, la protagonista de ¡Más respeto que soy tu madre!, la interpreta Antonio Gasalla. La obra, que desde su estreno el 15 de enero en el Metropolitan cuelga todas las noches el cartelito de No hay más localidades, y convoca largas filas de gente desde la mañana para conseguir entradas, en plena crisis. Y Gasalla, que en más de cuarenta años de carrera tuvo grandes éxitos, además de ser el rey de la taquilla con esta obra que también dirige, vive un momento en el que las dos estrellas máximas de la televisión, Marcelo Tinelli y Susana Giménez, se disputan su presencia exclusiva en sus respectivos programas. Por primera vez, desde que estrenó la obra, habla de todo eso con su clásica agudeza.
¿Cómo se puede explicar semejante fenómeno de público en plena crisis?
El teatro siempre ha funcionado en crisis y en la Argentina, además, hay mucha tradición teatral. Pero con esta obra creo que tiene mucho que ver el libro original de Hernán Casciari, que retrata a un familia que refleja a muchas otras y lo hace con humor sutil y profundidad. A eso hay que sumarle que salió bien la adaptación de ese texto que hice yo, está mal que lo diga, pero bueno, funciona. Era un riesgo pasar un texto tan desmembrado, nacido como blog para Internet y después convertido en libro, en el que no hay unidad de acción ni de tiempo. Pero en la historia que ve la gente todo está hilado como si fueran secuencias de cine. Además, trabajamos mucho: la adaptación me llevó seis meses y ensayamos otros seis más, porque es una comedia muy endemoniada. Lo peor no es la cantidad de letra, sino saber qué viene, porque pasan muchas cosas y sin ningún motivo hay un cambio. Es una obra muy exigente porque, salvo unos pocos minutos, nunca estoy fuera del escenario. Es como una maratón que una vez que entro al escenario no salgo más por dos horas. La clave es que la gente se identifica y lo disfruta. Si no, no hay éxito.
La obra tiene algo de grotesco, de sainete moderno, ¿no?
De alguna manera, sí. Y también tiene un lenguaje muy actual. Casi todas las comedias de hoy en día son de afuera y hablan un poco de otras cosas. En cambio, acá todo es muy directo. Hay gente que me para en la calle para decirme todo lo que se le removió por dentro, madres que lloran, me cuentan cosas de su familia y creo que es porque no te deja indiferente. Es algo cotidiano, palpable.
¿Cómo es Mirta Bertotti en relación con otros personajes femeninos tuyos?
Este es más ingenuo que los que hago habitualmente. Es una mujer con sentido común, no se calla, no se queda quieta. Y tiene esa pureza de la gente que no tiene demasiado para elegir, que soluciona los obstáculos de la vida sin demasiados recursos. Con las mujeres que yo hago siempre quiero decir algo: con la empleada pública, hablo de la burocracia, del totalitarismo; con Mamá Cora, de la edad, del desamparo de los viejos; con Soledad Solari de la paranoia, los miedos. Mirta es más sencilla, menos caricaturizada, pero me exige, porque el personaje tiene menos años que yo.
Ahora se da una situación curiosa: Susana Giménez y Marcelo Tinelli se disputan públicamente tu presencia en sus programas. ¿Cómo se vive eso?
Estar tironeado así me saca mucha energía. En el teatro hay disfrute gastando la energía que hay que poner, pero en la televisión hay muchas horas de espera que son inaguantables. Ahora tengo dos días libres nada más, para hacer todo lo demás, para vivir un poco. Meterme un día entero en un canal es muy fuerte. Me encantaría hacer algo, pero yo no estoy en esa lucha, ni la estoy viviendo como mía, con todo respeto para ellos dos. En este momento, el teatro es mi prioridad.
¿De qué depende quedarse con una de las dos propuestas?
Depende de mí. Pero, ¿sabés qué pasa? Para hacer cualquier cosa en tele, me tengo que levantar, sentarme en la computadora a escribir algo para no repetirme. Tengo que estar muy informado. Yo leo todos los diarios, revistas, me leo todo. A mí Internet me salvó la vida: lo que no sé, lo busco. Es que hay que llenar un lugar y lo podés llenar diciendo pavadas, pero no es lo mismo. A Mamá Cora ya le pasó de todo y si hiciera el programa de Tinelli, no tengo muy definido si haría el personaje de Olga, la maquilladora, que hice el lunes pasado en ShowMatch. Porque es demasiado coloquial y el programa tiene un volumen fuerte, está lleno de gente, no sé, tendría que ver qué. Pero eso es lo que no me quiero poner a pensar. Así que espero, espero.
¿Tinelli te ofreció producirte un programa propio?
Sí, para El Trece. Sería fantástico, pero por ahora no me entra en la agenda. Un programa implica ponerse a escribir, armar todo. Tienen interés en mí y está bien, pero yo no especulo. Estuve muchos años haciendo gira los fines de semana y lo podría haber hecho pero parece que aparecí de golpe, nací de nuevo.
Gracias a Mirta Bertotti...
Claro, ¡gracias a Mirta! (risas).Pero está bien, esta profesión es así, con subidas y bajadas. Ahora tengo una edad en que me propuse planear lo que voy a hacer de acá a un tiempo. Cuando tenés 20 años, creés que vas a vivir 200. Como por suerte todavía me puedo parar en un escenario y hablar, planeo. Esta obra seguirá un par de años y después, no sé.
Gasalla recibe en su camarín, austero, con los elementos -peluca, delantal, corpiño relleno- que una hora más tarde lo convertirán en Mirta. Y con mucha calma reflexiona sobre el porqué de tantos personajes femeninos en su galería de criaturas. "Todas son mujeres con mucha personalidad, porque creo que las mujeres tienen más personalidad que los hombres, más potentes, en el sentido de llevar adelante algo. Además, teatralmente, hay conflictos que se ven mejor encarnado en mujeres, por lo menos me parece a mí. Y cada artista va encontrando lo que te sirve para comunicar, lo que le va saliendo mejor. El primer personaje femenino que hice fue por casualidad, después fue saliendo el resto".
Esta obra, ¿marcará un momento histórico en tu carrera?
Puede ser. Es difícil tener un éxito como éste y hay que cuidarlo y seguir trabajando. Los éxitos nunca son gratis ni son porque sí. También depende a la edad que te agarren. La experiencia ayuda; con el tiempo ves la profesión de otra forma, aprendés a guardar energía para la hora de la función y sabés elegir un poco más.
¿Cómo es convivir con la popularidad?
La gente es maravillosa, siempre da ánimo y cariño. Es un estímulo, como tener una familia gigante. Ese reconocimiento completa el trabajo del artista, porque si no te ve nadie, no tiene sentido lo que uno hace. El teatro es un acto de fe: vas a ver algo que no sabés qué es, pagás antes y te sentás junto a gente que no sabés quiénes son. Por eso es tan fuerte, conmovedor. Yo tengo fama de malhumorado, de que voy a pegarle a alguien y eso es porque soy categórico: y si digo no es no y si digo sí es sí. Pero la popularidad te pone una lupa encima, estás observado y juzgado, fuera del escenario. También hay actores que se la pasan hablando de ellos. Pero a mí no me interesa. Me psicoanalicé años para tener la cabeza clara, el ego un poco guardado. Porque realmente mi vida artística pasa por otra cosa. Hay actores que se creen todo de la profesión, sobre todo lo de la popularidad, yo nunca fui para afuera y sin embargo siempre tuve trabajo y me fue bien. Creo que la gente ve las peleas mediáticas cuando lava los platos, pero cuando quiere ver un espectáculo, elige otra cosa.
18:20En la TV se lo disputan nada menos que dos figuras como Susana Giménez y Marcelo Tinelli. Lejos de deshojar la margarita, se lo toma con calma y dice que "estar tironeado" le saca energía. Por: Sandra Comisso
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Antonio Gasalla en su rol de maquilladora de Marcelo Tinelli en uno de los picos más altos de la televisión en lo que va del año.
Qué tiene Mirta Bertotti, ama de casa de 52 años, de Mercedes, madre de una familia disfuncional y decadente, que atrae tanto?. A Mirta Bertotti, la protagonista de ¡Más respeto que soy tu madre!, la interpreta Antonio Gasalla. La obra, que desde su estreno el 15 de enero en el Metropolitan cuelga todas las noches el cartelito de No hay más localidades, y convoca largas filas de gente desde la mañana para conseguir entradas, en plena crisis. Y Gasalla, que en más de cuarenta años de carrera tuvo grandes éxitos, además de ser el rey de la taquilla con esta obra que también dirige, vive un momento en el que las dos estrellas máximas de la televisión, Marcelo Tinelli y Susana Giménez, se disputan su presencia exclusiva en sus respectivos programas. Por primera vez, desde que estrenó la obra, habla de todo eso con su clásica agudeza.
¿Cómo se puede explicar semejante fenómeno de público en plena crisis?
El teatro siempre ha funcionado en crisis y en la Argentina, además, hay mucha tradición teatral. Pero con esta obra creo que tiene mucho que ver el libro original de Hernán Casciari, que retrata a un familia que refleja a muchas otras y lo hace con humor sutil y profundidad. A eso hay que sumarle que salió bien la adaptación de ese texto que hice yo, está mal que lo diga, pero bueno, funciona. Era un riesgo pasar un texto tan desmembrado, nacido como blog para Internet y después convertido en libro, en el que no hay unidad de acción ni de tiempo. Pero en la historia que ve la gente todo está hilado como si fueran secuencias de cine. Además, trabajamos mucho: la adaptación me llevó seis meses y ensayamos otros seis más, porque es una comedia muy endemoniada. Lo peor no es la cantidad de letra, sino saber qué viene, porque pasan muchas cosas y sin ningún motivo hay un cambio. Es una obra muy exigente porque, salvo unos pocos minutos, nunca estoy fuera del escenario. Es como una maratón que una vez que entro al escenario no salgo más por dos horas. La clave es que la gente se identifica y lo disfruta. Si no, no hay éxito.
La obra tiene algo de grotesco, de sainete moderno, ¿no?
De alguna manera, sí. Y también tiene un lenguaje muy actual. Casi todas las comedias de hoy en día son de afuera y hablan un poco de otras cosas. En cambio, acá todo es muy directo. Hay gente que me para en la calle para decirme todo lo que se le removió por dentro, madres que lloran, me cuentan cosas de su familia y creo que es porque no te deja indiferente. Es algo cotidiano, palpable.
¿Cómo es Mirta Bertotti en relación con otros personajes femeninos tuyos?
Este es más ingenuo que los que hago habitualmente. Es una mujer con sentido común, no se calla, no se queda quieta. Y tiene esa pureza de la gente que no tiene demasiado para elegir, que soluciona los obstáculos de la vida sin demasiados recursos. Con las mujeres que yo hago siempre quiero decir algo: con la empleada pública, hablo de la burocracia, del totalitarismo; con Mamá Cora, de la edad, del desamparo de los viejos; con Soledad Solari de la paranoia, los miedos. Mirta es más sencilla, menos caricaturizada, pero me exige, porque el personaje tiene menos años que yo.
Ahora se da una situación curiosa: Susana Giménez y Marcelo Tinelli se disputan públicamente tu presencia en sus programas. ¿Cómo se vive eso?
Estar tironeado así me saca mucha energía. En el teatro hay disfrute gastando la energía que hay que poner, pero en la televisión hay muchas horas de espera que son inaguantables. Ahora tengo dos días libres nada más, para hacer todo lo demás, para vivir un poco. Meterme un día entero en un canal es muy fuerte. Me encantaría hacer algo, pero yo no estoy en esa lucha, ni la estoy viviendo como mía, con todo respeto para ellos dos. En este momento, el teatro es mi prioridad.
¿De qué depende quedarse con una de las dos propuestas?
Depende de mí. Pero, ¿sabés qué pasa? Para hacer cualquier cosa en tele, me tengo que levantar, sentarme en la computadora a escribir algo para no repetirme. Tengo que estar muy informado. Yo leo todos los diarios, revistas, me leo todo. A mí Internet me salvó la vida: lo que no sé, lo busco. Es que hay que llenar un lugar y lo podés llenar diciendo pavadas, pero no es lo mismo. A Mamá Cora ya le pasó de todo y si hiciera el programa de Tinelli, no tengo muy definido si haría el personaje de Olga, la maquilladora, que hice el lunes pasado en ShowMatch. Porque es demasiado coloquial y el programa tiene un volumen fuerte, está lleno de gente, no sé, tendría que ver qué. Pero eso es lo que no me quiero poner a pensar. Así que espero, espero.
¿Tinelli te ofreció producirte un programa propio?
Sí, para El Trece. Sería fantástico, pero por ahora no me entra en la agenda. Un programa implica ponerse a escribir, armar todo. Tienen interés en mí y está bien, pero yo no especulo. Estuve muchos años haciendo gira los fines de semana y lo podría haber hecho pero parece que aparecí de golpe, nací de nuevo.
Gracias a Mirta Bertotti...
Claro, ¡gracias a Mirta! (risas).Pero está bien, esta profesión es así, con subidas y bajadas. Ahora tengo una edad en que me propuse planear lo que voy a hacer de acá a un tiempo. Cuando tenés 20 años, creés que vas a vivir 200. Como por suerte todavía me puedo parar en un escenario y hablar, planeo. Esta obra seguirá un par de años y después, no sé.
Gasalla recibe en su camarín, austero, con los elementos -peluca, delantal, corpiño relleno- que una hora más tarde lo convertirán en Mirta. Y con mucha calma reflexiona sobre el porqué de tantos personajes femeninos en su galería de criaturas. "Todas son mujeres con mucha personalidad, porque creo que las mujeres tienen más personalidad que los hombres, más potentes, en el sentido de llevar adelante algo. Además, teatralmente, hay conflictos que se ven mejor encarnado en mujeres, por lo menos me parece a mí. Y cada artista va encontrando lo que te sirve para comunicar, lo que le va saliendo mejor. El primer personaje femenino que hice fue por casualidad, después fue saliendo el resto".
Esta obra, ¿marcará un momento histórico en tu carrera?
Puede ser. Es difícil tener un éxito como éste y hay que cuidarlo y seguir trabajando. Los éxitos nunca son gratis ni son porque sí. También depende a la edad que te agarren. La experiencia ayuda; con el tiempo ves la profesión de otra forma, aprendés a guardar energía para la hora de la función y sabés elegir un poco más.
¿Cómo es convivir con la popularidad?
La gente es maravillosa, siempre da ánimo y cariño. Es un estímulo, como tener una familia gigante. Ese reconocimiento completa el trabajo del artista, porque si no te ve nadie, no tiene sentido lo que uno hace. El teatro es un acto de fe: vas a ver algo que no sabés qué es, pagás antes y te sentás junto a gente que no sabés quiénes son. Por eso es tan fuerte, conmovedor. Yo tengo fama de malhumorado, de que voy a pegarle a alguien y eso es porque soy categórico: y si digo no es no y si digo sí es sí. Pero la popularidad te pone una lupa encima, estás observado y juzgado, fuera del escenario. También hay actores que se la pasan hablando de ellos. Pero a mí no me interesa. Me psicoanalicé años para tener la cabeza clara, el ego un poco guardado. Porque realmente mi vida artística pasa por otra cosa. Hay actores que se creen todo de la profesión, sobre todo lo de la popularidad, yo nunca fui para afuera y sin embargo siempre tuve trabajo y me fue bien. Creo que la gente ve las peleas mediáticas cuando lava los platos, pero cuando quiere ver un espectáculo, elige otra cosa.
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